Perdón si hablo mucho..

Perdón si hablo mucho, pero te juro que llega un punto en el que ya no puedo quedarme callado; y no es que no sepa guardar silencio; amo el silencio, es que hay cosas que si no salen se empiezan a juntar, se apilan unas sobre otras, se quedan dando vueltas en mi cabeza hasta que de plano ya no sé que hacer con ellas. 

Hablar, escribir y cAntar, siempre terminan siendo una válvula de escape para no reventar por dentro

y no lo hago para llamar la atención ni para llenar esos silencios incómodos, lo hago porque hay días en los que las palabras simplemente se me desbordan.

Decirlo, nombrarlo, ponerle voz a lo que me quita la atención; aunque sea algo pequeño y por mas irrelevante que parezca. Lo que sentí al ver a una familia dentro de un coche detenido en un semáforo, el cambio de ánimo que me provocó una canción, una noticia que me movió algo por dentro sin saber muy bien por qué. Son cosas mínimas, yo lo sé, pero se me quedan pegadas al pecho.
A veces pienso que hablo mucho porque también siento mucho, porque todo me afecta un poco más de lo que debería; porque no sé vivir sin preguntarme cosas y cuando no encuentro a quién contárselas, terminan saliendo solas, en el aire, en una hoja en blanco, en una canción que quizá nunca salga, en textos que se convierten en cartas sin destinatario. 

Perdón si hablo mucho cuando en realidad también estoy esperando escucharte.

Tampoco es como que me falte voz, sino porque me sobra atención para esas nimiedades que a mí me parecen esenciales.

No siempre escribo esperando respuesta, pero sí esperando que alguien les ponga atención, aunque sea por un momento. Y si te soy honesto, tengo que admitir que tengo una necesidad muy concreta de ser escuchado que pocas veces me atrevo a admitir en voz alta. Ojo, no de ser aplaudido ni validado, solo escuchado de verdad; sentir que lo que digo importa aunque sea un poco, aunque sea solo en ese instante. Y muchas veces no pasa, hablo con gente todos los días, convivo, comparto, pero no siempre siento que haya un espacio real para decir lo que llevo encima, casi como obligándome a callar eso que muero de ganas por contarte. 

No quiero aburrirte, esa nunca ha sido mi intención; quiero que te sientas cómoda conmigo, quiero que la pases bien, quiero ser ligero cuando se puede. Por eso a veces me guardo cosas, las maquillo, las reduzco, las dejo a medias, pero no siempre puedo y hay momentos en los que quiero gritarlo todo.

Me derrito escuchando cosas mínimas, casi invisibles para cualquiera más. Si se te pasó el camión y tuviste que caminar más de lo que pensabas, si viste un gato sobre una barda y por alguna razón eso te alegró el día, si el café sabía distinto hoy, son esas cosas, justo esas, las que me importan. Tal vez esa también sea una de las tantas razones por las cuales hablo tanto, porque estoy buscando a alguien que también se detenga ahí; alguien que no necesite grandes historias para sentirse acompañado, que no piense que hay que llegar a un punto interesante para merecer ser contado. A mí me basta con saber cómo te fue, aunque no haya pasado nada. Con escuchar cómo suena tu voz cuando dices algo que no habías pensado decir en voz alta. Quiero quedarme en silencio mientras lo dices, sin apurarte, sin corregirte.

Quizá no hablo tanto porque quiera decirlo todo, sino porque sigo buscando a alguien que también quiera decirme todo. Alguien que no se canse de las minucias, de esas pequeñas observaciones que parecen no llevar a ningún lado pero que en realidad sostienen los días.

También he llegado a pensar que mi necesidad de ser escuchado viene de ese mismo lugar; de querer ese intercambio limpio sin jerarquías. Yo hablo, tú hablas. Yo te escucho, tú me escuchas. No como obligación, pero si como quien comparte algo porque confía, porque se siente a salvo, pero sobre todo porque sabe que del otro lado alguien va a poner atención incluso en lo que parece no tener importancia.
Entre lo que veo y digo,
entre lo que digo y callo,
entre lo que callo y sueño,
entre lo que sueño y olvido,
la poesía.
— Octavio Paz
Y de nuevo, perdón si hablo mucho, pero créeme cuando te digo que me muero por escucharte hablar mucho.
Siguiente
Siguiente

¿Quien soy cuando no estoy enamorado?